El Ingeniero José Manuel Cisneros, docente de la UNRC y miembro del Consejo Regional de Conservación de Suelos Río Cuarto (CRCS), sostiene que los cambios en el uso del suelo son una vía de solución frente al anegamiento e inundaciones. Pero para lograr ello se necesita: toma de conciencia por parte del productor, y políticas de ordenamiento del territorio por parte de los Estados.

El problema de la erosión hídrica en el suelo rural muchas veces se vincula a las inundaciones, ya que el agua que provoca erosión, luego genera inundación. Esta en realidad ocurre cuando hay escorrentías que provienen de otra zona y los sistemas de desagüe no alcanzan a soportar tales caudales, entonces se producen desbordes de ríos, arroyos o canales de agua. Tal como lo ocurrido hace poco en la localidad de Idiazábal con el desborde del arroyo Cabral.
No obstante poco se habla de otro fenómeno hídrico que ocurre en buena parte del sur cordobés: el anegamiento de los campos. Esto tiene lugar cuando las lluvias hacen elevar el nivel del agua subterránea, “lo que no es compensado por la evapotranspiración de los cultivos”. Al elevarse el nivel freático aparece otro problema: la salinización del suelo, si la napa que sube cerca de la superficie del suelo tiene sal. “Así el suelo pierde productividad, ya que los cultivos no nacen, o no pueden tomar el agua salina”, aclara Cisneros.

Múltiples y complejas causas de ambos fenómenos
El Ingeniero Cisneros explica que hay causas naturales, inmanejables, como el aumento y cambio en las precipitaciones. Pero también hay causas de origen humano, que tienen que ver con el cambio en el uso del suelo en estos últimos tiempos. “El tipo de agricultura que se hace hoy, de un solo cultivo al año, principalmente soja, es poco eficiente en la eliminación del agua del suelo. El excedente de lluvia que no es absorbido genera dos cosas: o el agua escurre por la superficie e incrementa el área de las lagunas, o si penetra sin ser usada se va a alimentar las napas”. 

Estrategias de solución 
Cisneros explica que una estrategia sería “una especie de reconversión de los sistemas de producción, para que haya más cultivos que aumenten la transpiración del agua por las plantas. Por ejemplo el doble cultivo, los cultivos de pasturas en base a alfalfa, la forestación estratégica de algunas zonas”. Aunque reconoce que “los cambios de uso del suelo llevarán mucho tiempo, porque el sistema productivo ha entrado en una lógica de pensamiento y de toma de decisiones muy a corto plazo”. 
Otra vía de solución son las obras hídricas, canalizaciones y regulaciones básicamente. Lo que exigen muchos municipios y productores. Pero, según aclara el especialista del  CRCS, “los canales tienen el problema de a dónde va a parar el agua, porque siempre hay alguien que está abajo, por esa razón hay que complementar desagües y retenciones. Ambas estrategias: cambio de uso del suelo y obras de ordenamiento hídrico, deben integrarse en un plan de ordenamiento del territorio”.