9595951“A diferencia de la economía consumista, basada en la cultura del tener, la Economía de Comunión está basada en la cultura del dar”. (Chiara Lubich- Economía de Comunión- Editorial Ciudad Nueva)

“La experiencia de Economía de Comunión es una propuesta de gestión económica que nace de la espiritualidad de la unidad”. (Conferencia pronunciada por Chiara Lubich en el quincuagésimo aniversario del Consejo de Europa, Estrasburgo -31-05-1999)

Era el año 1991 y Chiara Lubich visitaba “Mariápolis Araceli” en San Pablo (Brasil), una de las ciudadelas del Movimiento de los Focolares -del cual es fundadora-, presente en los cinco continentes. Sus habitantes, libremente, tratan de vivir la comunión de bienes, tal como hacían las primeras comunidades cristianas en las que era visible, tangible, aquella cita evangélica: “Entre ellos no había ningún indigente” y “miren cómo se aman”.

En esa visita a San Pablo resultó fuertemente impresionada por el contraste entre rascacielos versus favelas, y constató, a su vez, que la comunión de bienes puesta en práctica hasta entonces en el Movimiento de
no había sido suficiente ni siquiera para sus miembros, esos brasileños, tan próximos a ella, que vivían momentos de emergencia.

Impulsada por esta realidad urgente que advirtió, y estimulada por la Encíclica Papal Centesimus Annus, invitó  a todos los presentes allí, del Movimiento, a llevar adelante una comunión de bienes más amplia y propuso –siempre en la libertad– trasladar esta comunión de bienes a las estructuras productivas: un generar para dar, dando vida a empresas que, confiadas a personas competentes, capaces de hacerlas funcionar con eficiencia, pudieran obtener utilidades.

La novedad radicó en que de estas utilidades una parte serviría para ayudar a las personas que pasan necesidades económicas (comenzando por los que comparten esta cultura del dar); otra parte se aplicaría en el desarrollo de estructuras para la formación de hombres y mujeres nuevos, motivados en su manera de actuar, por una nueva cultura del dar, hombres nuevos en el sentido del Nuevo Testamento, porque sin hombres nuevos no se hace una sociedad nueva; y también otra parte se destinaría a la misma empresa, para su consolidación y crecimiento.

“Aquí tendrían que surgir industrias, empresas cuyas utilidades se pusieran libremente en común con la misma finalidad de la comunidad cristiana: antes que nada, para ayudar a los que padecen necesidades, ofrecerles trabajo, en fin, hacer de tal modo que no haya ninguno en la indigencia” (Chiara Lubich -San Pablo Brasil-1991).

Nacía así el proyecto que se dio a conocer como Economía de Comunión. Comunión en términos de Común Unión, entre los que tienen bienes y oportunidades económicas y los que no los tienen; comunión entre todos los sujetos que participan en diferentes modos en la misma actividad. Los que se encuentran en dificultades económicas, los destinatarios de una parte de las utilidades, no son considerados como asistidos o beneficiarios de la empresa. Son miembros esenciales del proyecto, dentro del cual donan a los demás sus necesidades. También ellos viven la cultura del dar. De hecho, muchos renuncian a la ayuda que reciben apenas un mínimo de independencia económica.

Surgía la idea de la esencialidad de un lugar geográficamente bien definido que diera espacio físico a la radicación de empresas, donde -de alguna manera- fuera claramente visible, individualmente y como grupo de empresas, el objetivo de Economía de Comunión. Aparecen así los “Polos de empresas de Economía de Comunión en Brasil, Argentina, Italia, Bélgica, Croacia y Portugal (dentro de las ciudadelas que allí funcionaban); luego comenzarán a nacer nuevas empresas de Economía de Comunión fuera de las ciudadelas; muchos empresarios que ya tenían sus empresas las refundaron en los valores que proponía la Economía de Comunión.

En Julio de 1991 (a dos meses del nacimiento del proyecto en Brasil) se lanzó el proyecto en Argentina.

La adhesión fue inmediata y en dos meses, bajo el lema “Pobres pero muchos”, con el aporte de cientos de personas del Movimiento de los Focolares, se reunió el capital necesario para la compra de un terreno de 34 hectáreas de tierra, colindante con la ciudadela Maripolis Lía, para dar vida al Polo Solidaridad de empresas de EDC.

Han nacido muchas empresas y muchas ya existentes han adherido al proyecto, modificando su estilo de gestión empresarial. Hoy, en Argentina, ya adhieren al proyecto más de 50 empresas.

735 empresas de distintas dimensiones: 241 en América (EE.UU y América Latina), 458 en Europa, 31 en Asia, 2 en Medio Oriente, 1 en África y 2 en Australia.

Para más información: www.aedec.org.ar, unidesa@mariapolis.org.ar

Lic. Carlos R. Salguero