La industria con menor actividad es reconocida por primera vez desde hace varios años. Sin dudas, en el mix de ramas industriales hay un porcentaje de algunas actividades que fueron en alza, más ligadas al consumo, impulsadas sobre todo por la desvalorización del dinero (“compro ahora, mañana es más caro”). Otras con bajísimo desempeño, en el límite de la actividad, acudiendo a sus reservas para no disminuir personal, complican un análisis de situación. Sin embargo, empezamos el año con baja demanda laboral, con poca expectativa de expansión e inversiones en la mayoría de los casos. Otro año de trabajar con cuidado por la inflación y la insoportable presión impositiva. Apreciar la rentabilidad o ganancia en la mayoría de las pymes significa mirar los balances con optimismo, lo que parece que ganamos ya lo perderemos tributando Ganancias.

La aparente buena cosecha, el año electoral y la presión de la inflación, anuncian un año con actividad por lo menos hasta pasadas las elecciones. La industria, en general, se siente a gusto con elevados aranceles de importaciones y el cierre de éstas ante la falta de competitividad.

Los sondeos de opinión expresan preocupación por el aumento de costos y presión impositiva, con expectativas de venta muy variadas de acuerdo al sector industrial representado; fabricantes de bienes de capital y maquinaria son quizás los más precavidos.

Es importante entender que si las empresas no logran una rentabilidad para poder invertir

y crecer, pierden sustentabilidad en el tiempo y no se logra el objetivo de mayor y mejor empleo, por lo que debe haber un esfuerzo compartido entre todos los actores para mejorar la actividad de todos los sectores.